“Haz bien y no mires a quién” es el pensamiento que debe prevalecer en cada uno de nosotros cuando ayudamos o servimos a otro ser humano. Sin embargo no es así, sólo pronunciamos palabras que producen más dolor, angustia y vergüenza. “Toma esa peseta y no pidas más.” “¿Por qué no te vas a trabajar?” “Estás gordo y colora’o para estar pidiendo.” “Si quieres yo te compro de comer, pero para vicios jamás.” Esto es lo que escuchamos a diario en cada esquina de nuestro pueblo: reproches, lamentos y angustia. ¿Pero quién te obliga a dar? No es necesario que le des al que te pide si no lo haces con amor y desinteresadamente. Sin pasar cuenta y esperar que Dios te recompense lo que haces. ¿Dónde está la hospitalidad, el calor humano de cada uno de nosotros los puertorriqueños? “Hoy por ti, mañana por mí.” Hoy estamos tal vez en la parte superior de esta esfera llamada Tierra, pero; ¿estarás ahí mañana?
El mundo da vueltas y en algún momento de nuestra vida podríamos estar en la parte inferior de la esfera. El simple hecho de tener la oportunidad de dar de lo que tengo, no de lo que te sobra, el servir al prójimo debe ser más que suficiente para sentirnos orgullosos de poder ayudar al necesitado. No sólo se ayuda o se sirve dando pesetas o dólares, se hace también con una buena obra, con una sonrisa, con un apoyo en el momento en que alguien lo necesita, pero con amor y desinteresadamente. El ayudar o servir al necesitado es un privilegio del cual Dios nos ha dotado para probar nuestra sensibilidad, humildad y cuánto lo amamos porque Dios está presente en cada ser humano. “Amad a Dios sobre todas las cosas y al prójimo.” Hay quienes nacen para servir y no a ser servidos. Estas personas entregan su vida, su alma al servicio de los demás, sin pensar en sus intereses, ni en su beneficio, lo hacen con amor. Jesucristo entregó su vida por nosotros y no se lamentó, ni nos hizo reproches, ni nos humilló. Vamos a tratar de ser como nuestro querido Maestro Jesús. Ayudemos a los demás en sus momentos de dolor. Ayudemos al caído a levantarse y no hagamos leña de éste. Todos en la vida tropezamos y caemos, es cuestión de tener las fuerzas necesarias para levantarnos. Seamos todos, parte de esas fuerzas y ayudemos a ese ser humano que nos tiende la mano desesperadamente para que lo levantemos. Hazlo con amor, como lo hizo Jesús, con los pecadores. Como lo hace a diario con nosotros cada vez que caemos en pecado, nos perdona, nos levanta. Nosotros no somos quienes para estar condenando a los demás. No somos los jueces porque no somos perfectos. El único perfecto es Dios y no nos humilla. Así que en el momento de dar, no des humillaciones hazlo con el corazón lleno de amor, con una palabra de aliento o de lo contrario, no des, no sirvas. Recuerda que servir es un privilegio y esto no debe ser motivo de soberbia, ni de burlas. Sirve y da con humildad y ganarás a cambio sentirte grande, útil, lleno de paz y tranquilidad. Sintiendo el orgullo de haber sido escogido de entre muchas personas para servir con amor. Sigue el ejemplo de María Teresa de Calcuta, de nuestra Sor Isolina Ferré y muchos otros puertorriqueños que sirvieron a su pueblo sin esperar recompensas materiales. Sólo le interesaba verlos ponerse de pie. Espero que Dios Todopoderoso te colme de bendiciones y te ayude a ser un mejor ser humano. Recuerda no pases cuenta cuando te decidas a servir a los demás, servir es un privilegio. Dale Gracias a Dios que en este momento te toco a ti dar, veremos mañana qué pasará.
Para todos los que se encuentran en esta encrucijada va para ti el siguiente consejo. Sé que la vida a veces te hace sufrir, que no sabes que hacer y depende de ti, pero no te desesperes, confía y ten fe, todo pasará porque el Divino poder de Jesús te sanará, te levantará, te ayudará, te dará las fuerzas para poder triunfar. Al final del camino una luz encontrarás para que alumbres tu vida por toda la eternidad. No te desanimes, levántate y sigue que para el valiente no hay imposibles. Sólo necesitas tener los deseos de seguir triunfante en este sendero. Senderos que a veces se tornan difíciles para el diario caminar, pero con valor y empeño lo podemos dominar. Reflexionemos ante la siguiente cita: “Un fantasma recorre a mi querido Puerto Rico, el fantasma de preocuparnos u ocuparnos del ser que tenemos al lado. Te invito hacer la diferencia.”
El mundo da vueltas y en algún momento de nuestra vida podríamos estar en la parte inferior de la esfera. El simple hecho de tener la oportunidad de dar de lo que tengo, no de lo que te sobra, el servir al prójimo debe ser más que suficiente para sentirnos orgullosos de poder ayudar al necesitado. No sólo se ayuda o se sirve dando pesetas o dólares, se hace también con una buena obra, con una sonrisa, con un apoyo en el momento en que alguien lo necesita, pero con amor y desinteresadamente. El ayudar o servir al necesitado es un privilegio del cual Dios nos ha dotado para probar nuestra sensibilidad, humildad y cuánto lo amamos porque Dios está presente en cada ser humano. “Amad a Dios sobre todas las cosas y al prójimo.” Hay quienes nacen para servir y no a ser servidos. Estas personas entregan su vida, su alma al servicio de los demás, sin pensar en sus intereses, ni en su beneficio, lo hacen con amor. Jesucristo entregó su vida por nosotros y no se lamentó, ni nos hizo reproches, ni nos humilló. Vamos a tratar de ser como nuestro querido Maestro Jesús. Ayudemos a los demás en sus momentos de dolor. Ayudemos al caído a levantarse y no hagamos leña de éste. Todos en la vida tropezamos y caemos, es cuestión de tener las fuerzas necesarias para levantarnos. Seamos todos, parte de esas fuerzas y ayudemos a ese ser humano que nos tiende la mano desesperadamente para que lo levantemos. Hazlo con amor, como lo hizo Jesús, con los pecadores. Como lo hace a diario con nosotros cada vez que caemos en pecado, nos perdona, nos levanta. Nosotros no somos quienes para estar condenando a los demás. No somos los jueces porque no somos perfectos. El único perfecto es Dios y no nos humilla. Así que en el momento de dar, no des humillaciones hazlo con el corazón lleno de amor, con una palabra de aliento o de lo contrario, no des, no sirvas. Recuerda que servir es un privilegio y esto no debe ser motivo de soberbia, ni de burlas. Sirve y da con humildad y ganarás a cambio sentirte grande, útil, lleno de paz y tranquilidad. Sintiendo el orgullo de haber sido escogido de entre muchas personas para servir con amor. Sigue el ejemplo de María Teresa de Calcuta, de nuestra Sor Isolina Ferré y muchos otros puertorriqueños que sirvieron a su pueblo sin esperar recompensas materiales. Sólo le interesaba verlos ponerse de pie. Espero que Dios Todopoderoso te colme de bendiciones y te ayude a ser un mejor ser humano. Recuerda no pases cuenta cuando te decidas a servir a los demás, servir es un privilegio. Dale Gracias a Dios que en este momento te toco a ti dar, veremos mañana qué pasará.
Para todos los que se encuentran en esta encrucijada va para ti el siguiente consejo. Sé que la vida a veces te hace sufrir, que no sabes que hacer y depende de ti, pero no te desesperes, confía y ten fe, todo pasará porque el Divino poder de Jesús te sanará, te levantará, te ayudará, te dará las fuerzas para poder triunfar. Al final del camino una luz encontrarás para que alumbres tu vida por toda la eternidad. No te desanimes, levántate y sigue que para el valiente no hay imposibles. Sólo necesitas tener los deseos de seguir triunfante en este sendero. Senderos que a veces se tornan difíciles para el diario caminar, pero con valor y empeño lo podemos dominar. Reflexionemos ante la siguiente cita: “Un fantasma recorre a mi querido Puerto Rico, el fantasma de preocuparnos u ocuparnos del ser que tenemos al lado. Te invito hacer la diferencia.”